Estamos viviendo un año realmente duro que precede a un año malo y que sucederá a un año todavía peor. Este dos mil diez sigue marcado por la crisis (esa que algunos negaron para arañar votos), por las tasas record de paro (que irán a más después del verano) y sobretodo y ante todo por la ineficaz labor del gobierno socialista.

Zapatero ha jugado a todo, ha practicado de todo y casado con todo. Tan pronto era capaz de decir A como al día siguiente de decir B. Al principio pareció gustar porque “dicen” se amoldaba a las circunstancias. Más tarde el pueblo fue dándose cuenta de que no se amoldaba, sino improvisaba, no había proyecto y solo la originalidad de algo es lo que puede comportar la excelencia.

Evidentemente ni por asomo podemos calificar de excelente ninguno de sus años de mandato. Eso sí tuvo una primera legislatura plácida, tenía la hucha llena y prometió y gasto en todo. No tuvo reparo en nada, creyó que el dinero crecía en los árboles y ustedes saben bien que no.

En la segunda legislatura se le avisó y bien no quiso darse por enterado o no quería que nos enteráramos. No tomó medidas, no revisó la legislación laboral, ni financiera, no hubo cambios en las medidas impositivas e incluso acelero el gasto social consiguiendo un déficit que tardaremos más de una década en pagar.

La crisis llegó. Y por encima de cualquier discusión estéril, hay que ser rigurosos. La incidencia de la crisis en España tiene doble origen, uno internacional en cuanto a lo financiero y otra interna en cuanto al reventón del ladrillazo (potenciado por Zapatero y las cajas de ahorro, que no los bancos).

Pero independientemente del origen del mal, un gobierno debe de actuar y acotar los males. Los socialistas tuvieron la brillante idea de combatir una crisis del ladrillo a base de ladrillos. Aplicaron una política Keynesiana totalmente abrupta que ya alerté con anterioridad en un artículo editado (cuando “solo” teníamos 3,5 millones de parados) que no haría sino a largo plazo agravar la sangría.

Porque en efecto se dio trabajo a algunos miles de trabajadores, que una vez finalizadas las obras volvían al paro. No era una medida de reforma estructural, inversión en sectores productivos o de reforma laboral, no, era simplemente aplicar la sencilla e ineficaz idea de abrir una zanja para después cerrarla.

Hubiera tenido otra incidencia si la inversión en obra pública hubiese sido menor, y a la par se hubieran acompañado de medidas tendentes a reforzar el tejido empresarial español. Este tejido ahora deshilado, esta conformado por la mediana y pequeña empresa, que generaba empleo estable y consumo, algo imprescindible para que el Estado recaude más vía impositiva y por tanto tenga a su vez más medios para acotar la crisis y la reducción del déficit público.

Se ha equivocado, Zapatero demuestra no saber que es lo necesario para poder acotar la crisis y a su vez ante la mirada atónita de todos, sigue yendo en dirección opuesta, empeorando la situación.

Está escorado, no tiene apoyos, carece de ideas; derrotado juega a la desesperada arriesgando el patrimonio que es de todos. Ha sido capaz de destruir los sueños e ilusiones de aquellos que confiábamos en nuestro país.

Desde luego no era partidario de anticipar cambio alguno en nuestro país, pero parece ser que está situación requiere una consulta nacional, una nueva oportunidad para que el pueblo se pronuncie; si seguir escorados en la punta de Europa o volver asumir la senda del progreso europeo.

Alberto Moratal Sanz

Secretario General de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Gandia

PUBLICADO EN EL 7 1/2 NOTICIAS EL VIERNES 28 DE MAYO DE 2010